El Sol del Pueblo

Ayer, o quizá antes de ayer, el dolor me impide pensar con exactitud a ese triste momento, desapareció el Sol del pueblo de Venezuela y Latinoamérica Hugo Rafael Chávez Frías.

El Sol del pueblo que nunca morirá sino que brillará en cada sonrisa, y en cada momento de felicidad de los pobres. El Sol del pueblo que se unirá con el Sol de la libertad, que fue Bolívar en el espacio más alto de la gloria, y desde allá observarán a cada instante a quienes amaron incesantemente sin tregua, sin descanso. Se ocultó en la oscuridad, haciendo bellos colores en el cielo, y tramontando con el más ardiente sudor, para luego regresar con sus amigos, en millones de personas que trabajarán a su incansable ritmo. Dio un paso hacia la transcendencia, desde el día que decidió entregar su vida, sin miedo a perderla, por los más sufrientes y desamparados, de nuestro continente y el mundo. El dolor crece a cada segundo, cuando regresa el pensamiento de que ya no estará físicamente entre nosotros, pero el solo hecho que hoy, más que nunca, y por encima de cualquier otro tiempo del pasado histórico seamos un verdadero pueblo, y que también sus palabras como rayos retumben en nuestras consciencias para la construcción del futuro de la patria, el dolor se convierte en esperanza y caridad para todos. El Sol del pueblo se fue con la oscuridad, para regresar en la mañana, que estará llena de luchas, y todos tendremos que estar preparados para acompañarlo de nuevo, como lo hemos hecho hasta ahora. Ese sol regresará para iluminar donde haya exclusión y maltrato a los pobres, a los indefensos, porque no permitirá que sean considerados el relleno necesario para fundamentar la riquezas de los pocos. El Sol del pueblo desapareció, como lo hizo el Sol de la libertad, para resucitar inmediatamente en millones de rostros defensores de los irrenunciables principios de: inclusión social, participación ciudadana, solidaridad, memoria social y política, preferencia por los pobres.

El libro de la Sabiduría 3,1-12 regala palabras de esperanza para quienes fueron justos en sus vidas: «Las almas de los justos, en cambio, están en las manos de Dios, ningún tormento las tocará. [...]Gobernarán las naciones, tendrán poder sobre los pueblos y el señor reinará por siempre sobre ellos» El alma del Sol del pueblo está en las manos de Dios, así lo decidió él cuando empuño el Cristo sufriente que lo acompañó hasta el último minuto de su vida.

El evangelista Marcos por su parte narra que Cristo después de su desaparición «apareció con otro aspecto a dos de ellos, mientras estaban en camino hacia la campaña. También ellos regresaron a anunciarlo a los otros, pero no creyeron tampoco los otros» Mc 16,12-13. Cristo murió y cuando resucitó no creyeron sus discípulos, no creyeron ni siquiera los dos discípulos que lo vieron directamente, porque habían perdido la fe. El pueblo debe estar siempre en guardia para sentir el resplandor que ha dejado el Sol del pueblo, porque no ha muerto, ha llegado al puesto de los inmortales, desde donde guiará con su ejemplo de justicia a toda la comunidad que lo acompañó desde sus primeras palabras, hasta estos grandes signos de adiós.

¡Gracias Comandante por haber pensado al pueblo, no terminará nuestro agradecimiento hasta el día que podamos sentir que hemos erradicado la pobreza, y que podamos colocar nuestras manos ensangrentadas encima de la bandera que lo acompañó hasta sus últimos momentos en nuestra tierra!

JOAN LUIS MORA DÍAZ

ROMA 07 MARZO DE 2013      

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